miércoles, 25 de noviembre de 2015

SEGUNDO MANDAMIENTO EPOC: Resistir: No deprimirse

Para superar posibles momentos de angustia mejor no recurrir a esas recetas de sabiduría ramplona que aparecen en los libros de autoayuda. Lo que sí resulta imprescindible es el sentido común. El nuestro, por descontado, y el de aquellos en quien confiamos, pero nunca viene mal el de algún pensador de referencia. Esto sirve para todo el mundo, enfermo o sano, pesimista o no, porque nadie está a salvo de la tristeza para siempre.
Afirmaba Bertrand Russell en La conquista de la felicidad –obra menor y divulgativa al margen de su enorme constructo filosófico– que la clave está en salir de nosotros mismos, en mirarnos el  ombligo lo menos posible. Y lo decía así de bien, no en vano fue uno de los grandes cerebros de la historia:
 “Cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de felicidad tendrá, y menos expuesto estará a los caprichos del destino, ya que si falla una de las cosas siempre puede recurrir a la otra.”
"Una de las fuentes de infelicidad (…) es la incapacidad para interesarse por cosas que no tengan importancia práctica en la vida de uno.”
Y dentro de esa diversidad de intereses, una buena forma de mirar fuera es pensar en los otros, preocuparse por sus problemas, intentar comprender a los que nos rodean, ayudar en todo lo que se pueda. Porque implicarse en causas solidarias, además de beneficiar a sus destinatarios, contribuye a elevar nuestro ánimo; así que, aunque lo hagamos solo por motivos egoístas, empatizar es una buena opción.
Vladimir Kush - Pez en la charca
Y puestos a buscar, entre la enorme gama de posibilidades cada uno elegirá las que mejor se adapten a sus gustos. Lo ideal sería abarcar varios campos (manual, intelectual, contemplativo, ejercicio corporal etc.) y dentro de cada uno cultivar actividades varias.
Pero el filósofo sigue aconsejando y, aunque lo que dice es conocido por todos, recordarlo nunca está de más. Por ejemplo, dar prioridad a lo importante para no gastar energías en vano –como sabemos, esto de ahorrar esfuerzo es básico en la cuestión respiratoria– marcarnos objetivos razonables, aceptar los reveses con entereza procurando frustrarnos lo menos posible,  evitar actitudes, como el miedo y la autocompasión, que producen tristeza y aburrimiento.
En este tipo de patologías, el ánimo es un factor determinante. Nuestra salud respiratoria se mantendrá mucho más estable si conseguimos cierta impasibilidad, una actitud serena a toda costa, pase lo que pase, como si nos hubiésemos convertido en una roca. 

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