miércoles, 22 de marzo de 2017

La disnea marciana y el broncoespasmo extraterrestre (I)

¿Alguien imagina cómo sería andar por la vida cuando solo entra en nuestros pulmones el 50% del aire que habitualmente recibiríamos (o el 40%, incluso el 20%) y que, absolutamente nadie de los que te rodean sepa lo que nos está pasando, ni siquiera lleguen a creer que eso puede ocurrirle a alguien. Pues se trata de una situación muy habitual, su nombre técnico es disnea y en España la sufren, en mayor o menor grado, más de dos millones de personas. Son los pacientes de EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica)
Un segundo supuesto. ¿Pueden concebir que en los locales públicos se utilice habitualmente una gran variedad de productos de uso común, susceptibles de impedir súbitamente la respiración a cierto número de personas hasta ponerlas en riesgo de muerte –o algo más que el simple riesgo– dando lugar, incluso, a que ese número se incremente de forma progresiva? Quizá piensen que si esto ocurriese se tomarían medidas drásticas. ¿No es cierto que nos alarma a todos el hecho de que existan personas con una enfermedad incurable, que los medios de comunicación se hacen eco, que mucha gente pone su granito de arena económico para paliar, o al menos retrasar,  el desastre? ¿Cómo es posible, pues, que no se preste ninguna atención a conductas cotidianas tan potencialmente destructivas? Pues sí. Hay muchos agentes que respiramos a diario: productos de limpieza agresivos como la lejía y el amoniaco, incienso, incluso las populares velas que pueden producir un broncoespasmo* a las personas asmáticas. Y no solo eso: pueden convertir en asmáticos a algunos que no lo han sido nunca.

De eso, entre otras cosas, se habla –por desgracia, sin especificar– en las indicaciones de la prensa sobre el número de fallecimientos anuales a causa de la contaminación. Probablemente no sepan que esta no solo se encuentra –como la mayoría sigue creyendo– en zonas industriales o calles con gran afluencia de tráfico. Contaminación atmosférica hay también –y mucha– en esas tiendas naturistas (tan sanas ellas, aparentemente) que colocan bastoncillos de incienso aquí y allá, la tienen las iglesias, los locales comerciales con carritos repletos de productos y limpiadoras fregando a diestro y siniestro en las horas de mayor concurrencia –limpiadoras que, por cierto, constituyen uno de los grupos de riesgo para el asma– la tienen las terrazas y las puertas de los bares que es donde se fuma a todas horas, los mismos bares, en los que se deja fumar de madrugada sin ventilar nunca como es debido, los servicios en los que entran los fumadores para no tener que salir a la calle. Podría continuar un buen rato, pero tampoco es cuestión de aburrirles.
Y, sin embargo, ni el broncoespasmo y ni la disnea son palabras de uso común. Como no conviene hablar de ellos, ni que se conozca su existencia, se ocultan bajo una gruesa capa de silencio.
Hace unos días, la empresa A3 Media –responsable de medios como Antena 3 y La Sexta– ha puesto en marcha una loable iniciativa, un spot televisivo en el que aluden, por fin, a la EPOC, pero tan vertiginosamente y de forma tan sucinta que al espectador no iniciado le resulta imposible asimilar lo que está viendo, intuye que se trata una recomendación bienintencionada que tiene que ver con la salud y poco más. El artículo que sigue al anuncio en su página web lo explica brevemente pero, por desgracia, la web tal cual no entrará masivamente en los hogares. Incluso en televisión no durará más que unos días, después no quedará ni el recuerdo.
Sin embargo es un hecho que solo los impactos televisivos –en forma de publicidad o de exhaustivos reportajes sobre las patologías respiratorias, sus causas y consecuencias– servirían para dar a conocer a todo el mundo, de verdad, sin paños calientes, los efectos de los contaminantes o informarles de que determinadas personas andan por ahí respirando apenas. Y que, no, no tienen ningún problema psicológico. A veces prestar un poco de atención a quienes nos rodean puede salvar vidas.
Se preguntará: Entonces, ¿no puedo fumar? Pues, la verdad, si tiene un mínimo de empatía, en su casa y a solas. ¿Tampoco puedo encender incienso? Poder puede, pero no es nada saludable a pesar de su prestigio. ¿Ni siquiera puedo hacer limpieza? Por supuesto que puede, y a hasta debe: en cualquier tienda de las que frecuenta encontrará productos igual de eficaces y mucho menos peligrosos. Pero para eso están los profesionales (licenciados en medicina, química y otros), consúlteles a ellos y no se fíe de los spots publicitarios. 

(Continuará)

(*) Broncoespasmo:  Contracción anormal del músculo liso de los bronquios que puede provocar un estrechamiento u obstrucción aguda de las vías respiratorias”.

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